viernes, 18 de agosto de 2017

Reflexiones en torno al atentado en Barcelona

Esto hoy ha pasado en mi ciudad, como mañana puede pasar en la tuya. Hoy ha sido Barcelona, sí. Antes fueron Nueva York, Alepo, Charlottesville, Madrid, París, Maiduguri, Londres, Kabul, Bagdad, Al Raqa, Quetta, Beirut, Mogadiscio, Mosul, Niza, Berlín, Estocolmo… Hace tiempo que estamos en guerra. Y el otro bando, esta nueva forma de terrorismo, no tiene territorio, ni proyecto. Son nihilistas, buscan la destrucción de la civilización por la destrucción misma. Y han encontrado la forma ideal de actuar: sin una organización articulada a la que poder atacar, sin necesidades de financiación. Son células autónomas que actúan cada una por su cuenta y con lo que cualquiera puede tener a mano: un automóvil, cuchillos de cocina. Un nuevo atentado siempre es posible.  Hoy fue al lado de mi casa, mañana será al lado de la tuya. Es así.

miércoles, 12 de julio de 2017

Patadas a un perro muerto

El proceso soberanista catalán está condenado al fracaso, porque no se dan las condiciones objetivas necesarias para su éxito. Que son, básicamente, tres, y detallaré más adelante.  Por falta de ellas, el procés es un perro muerto al que tertulianos, columnistas  y políticos del soberanismo catalán insisten en fingir que oyen ladrar, lo cual parece un poco idiota pero es comprensible, y al que tertulianos, columnistas y políticos de la derecha española insisten en seguir pegando patadas, lo cual parece un poco idiota, punto (aunque quizá sea más una cuestión de mala fe que de idiotez).

jueves, 4 de mayo de 2017

Lluis Llach, de L'estaca al estacazo

Mi interés por la nova —ahora vellacançó duro algo más que lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks, pero no mucho más. Sentí por ella  el interés lógico que podía sentir cualquier adolescente catalán durante los años setenta, pero éste se apagó en cuanto descubrí el rock; de pronto, Lou Reed, David Bowie, The Clash, Joy Division o Jim Morrison se me revelaron como mucho más interesantes que todos aquellos cantautores de pantalón de pana,  rasgueos de guitarra viuda y versificación previsible; y los bulliciosos chicos y las glamourosas chicas de la entonces recién estrenada movida madrileña (que incluía a los barceloneses Loquillo y los Trogloditas y Los Rebeldes) se me revelaron como muchísimo más divertidos.

martes, 28 de febrero de 2017

Bocados de realidad

Por el océano de las letras norteamericanas nada, cual ballena blanca, el mito de la GNA, la Gran Novela Americana, ese artefacto para captar literariamente el alma (americana) de una época al que innumerables Ahabs, desde Mark Twain hasta Jonathan Franzen (y más allá) han intentado arponear con mayor o menor éxito. Pero la literatura norteamericana no sólo dispone de esos grandes artefactos para captar literariamente el alma (americana) de una época; sus escritores se han mostrado también muy duchos en captarla mediante artefactos mucho más pequeños y funcionales, no ya grandes ballenas blancas, o rojas, o azules, sino flexibles bancos de pequeños peces. Pues la norteamericana es también, o sobre todo, una tradición literaria de narraciones breves. Mucho más que la francesa, por ejemplo, o sin duda la española, donde cuesta Dios y ayuda convencer a un editor para que te publique un volumen de relatos; los editores españoles viven instalados en la idea fija de que eso no vende.

lunes, 6 de febrero de 2017

Un James Bond de carajillo y Farias

Arturo Pérez-Reverte entró en el despacho, saludó a su editor y se recostó en la butaca que éste le indicó, listo para afrontar la habitual letanía de alabanzas. El editor puso la mano sobre un grueso ejemplar de Hombres buenos, su última novela, un tocho histórico complejo, largo, lleno de erudición, aventuras al estilo Dumas y referencias a su querida Real Academia de la Lengua. Pérez-Reverte se sentía muy orgulloso de esa obra, la consideraba uno de sus mejores trabajos.
—Una gran novela, Arturo. Muy en tu línea. Pero…
—¿Pero?
—¿No te has planteado escribir algo más ligero, más popular?

martes, 15 de noviembre de 2016

Toda patria es un crimen


¿Todo nacionalismo es, en el fondo, un fascismo? Quién sabe. Lo que es seguro es que todo fascismo es, en el fondo, la expresión depurada de un nacionalismo. Hitler, Mussolini, Franco y Stalin fueron  poco más que radicales líderes nacionalistas, y sobre ese pilar construyeron sus regímenes respectivos; o sobre ese pilar de reverencia (ellos lo llaman amor) a la patria y demonización de sus enemigos, externos e internos, se auparon. Patria, de Fernando Aramburu, es una novela sobre el fascismo.

miércoles, 10 de agosto de 2016

El retorno del búcaro veneciano

La novela negra la inventó Dashiell Hammett. No lo digo yo, lo dice Raymond Chandler. Y lo hizo sacando el crimen del búcaro veneciano, donde lo había depositado la novela policíaca tradicional (o novela-enigma, novela-intriga, novela-rompecabezas, novela-crucigrama) y arrojándolo a donde realmente corresponde, a la calle. Con Hammett, la novela policial dejó de ser un artificioso entretenimiento para señoritas y damas ociosas de clase media, con un cadáver como cristalización abstracta de un juego de salón (el Cluedo), y pasó a ser un reflejo razonablemente realista de la sociedad urbana moderna, donde el asesinato es lo que, en realidad, siempre ha sido: un fracaso de la civilización y de la humanidad. Eso también lo dice Chandler. Me pregunto qué habría dicho de estar aún vivo y ver el crimen de vuelta al búcaro veneciano, y a éste de nuevo en el lugar de honor sobre el estante de la librería, en todo el esplendor de su huero decorativismo hortera. Aunque lo malo no es que el búcaro vuelva a estar ahí (siempre ha habido gente aficionada a coleccionarlos; allá cada cual con su buen o mal gusto); lo malo es que, hoy en día, al búcaro le llaman novela negra. Al búcaro, sí. Como la etiqueta “novela negra”, parece que vende, hacen con ella como con la etiqueta “sin gluten”: se la ponen a cualquier producto, venga a cuento o no.

lunes, 15 de febrero de 2016

El Sheriff de Babilonia

The Sheriff of Babylon es… un serial de cómic por entregas. Pero también es, quizá, la segunda mejor novela negra que haya leído en los últimos diez años. Y digo la segunda porque la primera es, sin duda, otra serie de cómic: Scalped. Y es que se publican muchas novelas negras, pero el género anda muy sobrado en cantidad y muy escaso en calidad. Bajo su etiqueta, últimamente tan de moda (y quizá precisamente a causa de eso) se está publicando mucho tocomocho y mucha paja para alimentar burros.

miércoles, 3 de febrero de 2016

El poder de Winslow

El cártel es una secuela de El poder del perro, la novela con la que Don Winslow lo petó, en lo literario (era, sin duda, su mejor novela hasta la fecha, y así lo reconoció la crítica, que se rindió ante ella) pero, muy especialmente, en lo comercial, pues fue la primera de sus novelas en alcanzar cifras de venta de siete dígitos (sí, siete; cuéntate los deditos).

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Cómo enviar tus manuscritos a una editorial: consejos prácticos

Cuando envías tu manuscrito (sí, ya sé que lo envías mecanografiado; Puede que incluso lo envíes por correo electrónico; pero en el mundo editorial se les sigue llamando manuscritos, por tradición) a las editoriales o a las agencias literarias, suele ir a parar a un montón que suele acumularse en un determinado despacho. Y ahí espera pacientemente su turno de ser entregado a un lector de los que trabajan para la editorial o agencia; a menos que en la misma ya te conozcan por haberte publicado algo previamente (en cuyo caso también se le suele entregar a un lector para que lo evalúe, pero el trámite es más rápido; no pasa por el montón) o sean ellos quienes te han pedido el manuscrito (en cuyo paso suele ir a parar directamente a la mesa del editor, quien normalmente, antes de leerlo, se lo pasará al lector con quien tenga más confianza para que lo evalúe).

lunes, 20 de julio de 2015

Milena en la playa

MILENA—No me interesa la política—sentencia Milena mientras se unta crema solar, tumbada sobre la arena dorada de una playa de Cadaqués. Y rubrica la sentencia con un encantador mohín de disgusto. Es su reacción ante los comentarios en voz alta que se me escapan al leer el periódico. Comentarios, en los que, de pronto me doy cuenta, me he dejado llevar por la indignación. Pero es que esos cabrones tecnócratas de la Unión Europea. Pero es que esos cabrones del gobierno de la Generalitat. Pero es que esos cabrones del gobierno español. Pero es que la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, la nueva Ley Forestal, la nueva Ley Laboral…Me siento asfixiado, me siento pisoteado, con unas ganas indecibles de gritar.
—¡Pero tengo razón!—Digo, casi grito. Y Milena, indolente, exquisita, relajada, brillando al sol bruñida de Coppertone, me pone en mi sitio con unos calmados susurros, sin siquiera abrir los ojos.

domingo, 17 de mayo de 2015

La fórmula, dignificada

libro_1422346741La fórmula: consígase un investigador como personaje fijo. Mejor que sea detective privado o, mejor aún, que sea policía. Macérese su personalidad con cuidado: que sea simpático, aunque no mucho. Que tenga alguna excentricidad que le caracterice y le haga fácilmente reconocible por el público lector.  (por ejemplo, que se dedique a quemar libros de su biblioteca personal, como Pepe Carvalho; o a hablar mucho de su mujer, como el teniente Colombo; o a leer diccionarios, como Kostas Jaritos) salpimentar abundantemente con esa excentricidad, a guisa de gag recurrente, para que produzca en el lector la gratificante sensación de reconocimiento que se deriva de la repetición. Condimentar con un poco  de rebeldía (eso gusta). Que no sea uno del montón,  uno más del rebaño, porque sus lectores van a serlo, y como no les gusta serlo no les gusta reconocer esa característica en los personajes de ficción en los que buscan la identificación por transferencia. Todos queremos creernos únicos y originales. Por eso escogemos con tanto cuidado el color de la funda de nuestro smartphone, aunque todos usemos el mismo modelo. 
Como guarnición, un elenco de secundarios pintorescos, cuanto más variado mejor. Una vez  bien macerado el protagonista, enciéndase un misterio criminal a fuego lento, para que el susodicho vaya  dorándose en él: que le encarguen su investigación  en el primer acto, que lo investigue en el segundo y que encuentre la solución, de forma ingeniosa y sorpresiva, en el tercero. Sírvase caliente o frío, tanto da. Es un plato sin sorpresas, que gratifica a los paladares poco aventureros con sus sabores inmediatamente reconocibles. He aquí la fórmula. No falla nunca.